
El Amplio Espacio Central
Liderazgo y Transformación Creativa de una Cultura
Una fragante mañana de primavera de 1930, Mohandas Gandhi salió a la cabeza de una procesión de 78 personas que marcharía las 200 millas hasta la costa oeste de la India. Durante la marcha, miles de personas se sumaron a la procesión hacia la playa donde Ghandhi, en el onceavo aniversario de la masacre de Amritsar de 1919, lideró el proceso de fabricación de su propia sal.
Este acto tan simple constituyó un profundo y creativo desafío a la legislación británica imperante, que sólo permitía la manufactura de sal a aquellos con licencia otorgada por las autoridades británicas. Esta reglamentación había permitido a los británicos gravar hasta al más pobre de los pobres por el uso personal de la sal—un requerimiento diario del funcionamiento humano, especialmente en el calor de la India. La "Marcha de la Sal" liderada por Gandhi se convirtió en el momento de definición de la transformación cultural que iba a culminar con la soberanía de la India.
Justo cuatro años antes de la Marcha de la Sal, en otro continente, Adolfo Hitler iba a orquestar el masivo espectáculo de las numerosas Marchas de Nuremberg en las que 50.000 "servidores del trabajo" sumieron en trance a miles de ciudadanos alemanes.
Los Nazis se esmeraron en el diseño de los discursos, estandartes, insignias y procesiones, al montar estas marchas con la impresionante arquitectura de la ciudad como cortina de fondo. Todo fue artísticamente filmado y transmitido para promover su intención como propaganda. Las marchas de los congresos de Nuremberg encontrarían su lugar en la historia como evento significativo en la fusión del partido Nazi con el dominio cultural.
Separados por sólo cuatro años, la Marcha de la Sal de Gandhi y los Congresos de Nuremberg de Hitler constituyeron potentes eventos históricos cuya influencia definiría y determinaría los cambios culturales de los años subsiguientes. En ambos casos, cada líder avizoraba una transformación cultural de envergadura y cada uno eligía un evento masivo como catalizador y expresión de su visión. Sin embargo, estos dos eventos fueron intrínsicamente diferentes tanto en intención como en sus resultados. La Marcha de la Sal fue un ejemplo de transgresión estructurado como ritual creativo, mientras que los Congresos de Nuremberg fueron ejemplo de transgresión estructurada como ritualismo represivo. Durante los congresos de Nuremberg, Hitler, que había sido denegado la admisión a la escuela de arte más importante de Viena, abusó de los poderes transformadores del arte y del ritual para intensificar el trance cultural de Alemania—un estado colectivo de pasiva complacencia y pérdida de individualidad. Por el contrario, Gandhi inspiró una experiencia de soberanía cultural—un despertar del trance cultural y de la dominación. La transgresión creativa de las leyes vigentes por la Marcha de la Sal de Gandhi provee un ejemplo dramático de transformación cultural.
Cuando colapsa el centro: Cómo sanar el trauma cultural de la modernidad
El centro cultural de la era histórica que llamamos "la modernidad" colapsó. Sus normas, sus valores y sus prácticas ya no son creíbles ni legítimas. A raíz de este colapso, la crisis ecológica de nuestro planeta clama por una transformación cultural. Nuestra forma de consumir y compartir los recursos de nuestro planeta es insostenible, en términos de ecología, y dolorosamente opresiva para millones de personas. La injusticia económica extrema y demás condiciones opresivas engendran un conflicto crónico a escala global.
El desafío contemporáneo es la creación de una cultura postmoderna que una vez más contenga un centro—un "amplio espacio central" en el que el potencial creativo de la diversidad, del conflicto y del caos puedan encontrar su realización.
Tras los cataclismos traumáticos del siglo veinte, existe una gran necesidad de sanación personal y social. La sanación social, como la personal, requieren que despertemos del trance cultural que nos anestesia ante lo posible. Una transformación cultural creativa, que implica el coraje necesario para abordar nuestro trauma cultural, puede constituir una experiencia atroz y peligrosa, pero también una prueba extática que promete restaurar lo que se perdió con el trauma.
Liderazgo cultural: Corografia de la interacción dinámica
Entre el centro y la periferia de la cultura
Cada familia, comunidad, organización y sociedad presenta una cultura distinta conformada por una red de costumbres; podemos imaginar que esta red presenta un centro y una periferia. Así vista, la cultura de una familia o de una organización constituye su hábitat.
La interacción entre el centro y la periferia de una cultura es distinta durante los períodos de estabilidad que durante los de cambio. Durante los primeros, el centro de una cultura es convencional—cargado de reglas, normas, tabúes y nociones consensuadas de la "verdad"—mientras que la periferia resulta marginalizada quedando privada de sus derechos, de poder y con frecuencia usada como chivo emisario. Por el contrario, durante los períodos de inestabilidad y conflicto, la periferia inicia una interacción dinámica con el centro de la cultura. En esos tiempos, la respuesta del centro a lo diferente y a lo desconocido es mayor. Al abordar y reconocer las diferencias que antes eran negadas, suprimidas y trivializadas, la red de hábitos se transforma al responder a las prácticas y perspectivas de la periferia.
La interacción dinámica entre el centro de una cultura y su periferia mantiene la vitalidad y capacidad de adaptación de la cultura, ofreciendo a los líderes culturales oportunidades para una transformación cultural creativa. Los líderes de la cultura diseñan, de maneras creativas y transformadoras, la coreografía de esta interacción. En este sentido, el liderazgo cultural es distinto del político y del administrativo. Mientras que los líderes políticos principalmente dictan las reglas y los administrativos las ponen en vigencia, los líderes culturales como Gandhi, Martin Luther King, y la Madre Teresa encuentran formas imaginativas de transgredir aquellas reglas que inhiben la emergencia de la soberanía cultural y de la creatividad. Sus acciones engendran nuevos e inesperados significados. El reconocimiento y la transgresión creativa de reglas y normas yacen al corazón del liderazgo cultural. Liderazgo cultural implica la capacidad de entregarse, mediante acción creativa, a las necesidades, significados y posibilidades inherentes al momento actual. Los líderes culturales son capaces de transmutar la forma en que la cultura los afecta personalmente en acción creativa que abre el camino del futuro.
La potencia de la transgresión creativa: Abordar al centro
Las transgresiones creativas conforman una clase específica de acción creativa que se caracteriza por tres rasgos distintos. Primero, la transgresión no vulnera principios. Segundo, la trasgresión implica acciones imaginativas. Tercero, la trasgresión implica sacrificio consciente.
Una transgresión se rige por los principios cuando se alinea con la verdad. Es esta alineación lo que otorga a una acción que no vulnera principios su potencial. Gandhi fue capaz de transmutar su dolorosa percepción de la injusta, cruel, y explotadora fiscalización de la venta de sal en acción creativa. Una acción que no vulnere principios requiere un transgresor con una apasionada relación con la verdad. Si bien tanto Gandhi como Hitler utilizaron el ritual como parte de sus estrategias, el uso que Gandhi hizo del ritual se regía por principios.
Una transgresión creativa es imaginativa cuando evoca una nueva e inesperada experiencia que requiere la reorientación de los demás y la creación de nuevos significados. Aparte de las implicancias prácticas específicas, la transgresión tiene impacto simbólico. Dado que los símbolos son imágenes cargadas de significado, los símbolos nuevos o revitalizados tienen el poder de desbaratar el fundamentalismo cultural imperante en el centro convencional de una cultura. Gandhi apuntó a las leyes de la sal que simbolizaban la explotación británica; su acción creativa, la fabricación de sal, simbolizaba la soberanía cultural.
Una transgresión por lo general importa la disciplina de un sacrificio consciente, el estar preparado para experimentar dificultades, fracaso y pérdida de privilegios. Gandhi era un abogado que había sido educado en el centro del Imperio Británico. Pasó de profesional convencional con una vida privilegiada, a líder que vestía con simple algodón blanco hilado por él mismo como protesta al control británico de la producción textil.
El centro repele: Encuentro con los guardianess de la cultura
Cuando grupos e individuos se ocupan del liderazgo cultural, el centro de la cultura suele repeler y resistirse al potencial transformador de la acción creativa del líder de la cultura. En tales tiempos, los líderes culturales, con frecuencia, son objeto de descalificación incluso como chivos emisarios por parte de los guardianes de la cultura. Los guardianes de la cultura personifican las fuerzas restrictivas y de resistencia dentro de una cultura que mantiene la ideología dominante y asegura la conformidad con sus reglas, normas, valores y tabúes. Ellos representan un conjunto de creencias y prácticas que legitimizan el status quo mediante la influencia de las instituciones políticas, económicas y de los medios. Desde que tenemos registro, las comunidades han recurrido al chivo emisario para exilar y marginalizar a aquellos que son diferentes. Es posible que los líderes culturales que desafían al centro de una cultura enfrenten los esfuerzos por neutralizarlos y la necesidad de responder creativamente para así seguir zanjando la brecha entre el centro y su periferia.
Recreando al centro: El lider cultural como creador de ritual
Ante la fragmentación del centro de una familia, organización o sociedad, surge el colapso de la gran transmisión de las capacidades humanas—capacidades tales como la compasión, el coraje, la curiosidad y la dignidad—que son parte del legado de nuestra evolución. Recrear el centro de una cultura implica reavivar las sensibilidades, las interdependencias, reciprocidades e iniciaciones que hacen posible la continuidad generacional de estas capacidades. Por fortuna, cada vez que se quiebra esta gran cadena, el don evolutivo del instinto humano de ritualizar permite reparar las conexiones rotas.
Con el ritual, se profundiza, de forma imaginativa, nuestra participación con las necesidades, significados y posibilidades inherentes al momento presente. El ritual creativo nos permite seguir la guía espontánea de las imágenes emergentes, de modo que el río de la imaginación nos lleve hacia un futuro desconocido. De este modo, el ritual creativo genera un contexto y contenedor para la transgresión imaginativa, que no vulnera principios, a fin de permitir la expresión a aquellas exiladas, rechazadas, devaluadas y difíciles partes de nuestra experiencia que así adquieren nuevos significados. Mediante el ritual creativo, nos transportamos hacia el futuro atravesando nuestra propia resistencia a pesar de nosotros mismos. El ritual creativo es imaginación en acción, nos permite conectarnos con nuestro saber inherente, liberando así el potencial transformador de nuestra vida colectiva. De este modo, el ritual evoca la consciencia extática y participativa. La transformación de la cultura y de la consciencia están inextricablemente entrelazadas.
Mientras el trauma cultural implica un olvido colectivo de las experiencias difíciles, el ritual creativo nos sostiene al encarar los aspectos tabúes de experiencias tales como la locura, la grandiosidad, la avaricia, el odio, la crueldad, la victimización y el fracaso. En parte, el trauma cultural sana al ritualizar la vergüenza cultural ante las derrotas, los fracasos y las pérdidas del pasado. Así llegamos a plasmar la sabiduría del fracaso. Al ritualizar las difíciles experiencias de vergüenza y fracaso, activamos la memoria cultural, revertiendo el olvido colectivo inducido por el trauma cultural. Gandhi eligió, estratégicamente, el aniversario de la masacre de Amritsar como fecha para la procesión que llegaría a la playa para hacer sal.
El trabajo con el trauma cultural constituye un proceso delicado y peligroso que requiere un contexto de confianza. El ritual creativo puede así evocar una vivencia de confianza ritual, permitiendo una profunda colaboración entre los participantes. La confianza ritual genera una suspensión temporaria del miedo, la sospecha, la indiferencia, el conflicto y hasta del odio. El surgimiento de esta confianza liberadora revitaliza las conexiones entre las personas, aportando la piedra filosofal del potencial sanador de la amistad. Las densidades y resistencias del centro convencional pueden erosionar esta confianza a menos que esté insertada dentro de procesos de responsabilidad específicos y otras prácticas culturales. A medida que sana el trauma cultural, se disuelven las ideologías imperantes. Las ideas creativas puede arraigarse en el espacio que comienza a abrirse en el centro. Con el tiempo pueden así emerger renovadas prácticas culturales de responsabilidad, perdón, reconciliación y alegre compañerismo.
El triunfo de la imaginacón: Se mantiene el espacio al centro
El ritual creativo, junto con la confianza ritual que se genera, facilita el colaborador sondeo del pasado, presente y futuro. El líder cultural, entonces, no necesita recetar o predecir el futuro, ya que surge espontáneamente—a cada momento con fresca inmediatez y abundancia.
Cuando nuestras acciones emanan del espacio amplio central, empezamos a abrirnos al destino colectivo entregándonos al compromiso creativo de colaboración. El amplio espacio central is nuestro lugar de encuentro, aquél en que nos sentamos cara a cara alrededor de los fogosos y peligrosos dones de lo desconocido, sin las densidades de la certeza, confiados de que el río de la imaginación nos encontrará para transportarnos.
